Cuarta y quinta sesión del seminario online
La identidad digital
Como
docentes y ciudadanos del siglo XXI somos usuarios asiduos de los recursos y
plataformas digitales. Ya sea en nuestro día a día laboral o en nuestra vida
privada, nuestros datos y nuestra forma de relacionarnos con el entorno se encuentran
mediados por las nuevas tecnologías. Por esa razón, no es de extrañar que
surjan nuevas problemáticas y peligros en torno a la seguridad y la
comunicación.
Nuestros
alumnos conocen nuestros nombres y tan solo a un click de ratón pueden localizar nuestros perfiles sociales y
personales presentes en las redes, con lo que nuestra privacidad puede verse
vulnerada con suma facilidad. Para ello, es menester gestionar correctamente
nuestra identidad digital y no exponer nuestra vida personal al alumnado.
El
docente debe respetar a su alumnado, pero también debe ser respetado como
referente, por lo que su imagen digital resulta crucial a la hora de influir en
la opinión y noción que tienen los alumnos de nosotros mismos.
La
discreción, la precaución y los perfiles privados son necesarios, al igual que
la gestión y creación de varias identidades digitales que separen la vida
personal y laboral. Como profesores, debemos comunicarnos con el alumnado, sus
familias y los compañeros de trabajo a través de las plataformas y perfiles
oficiales del centro educativo donde desarrollamos nuestra actividad docente.
Ello nos ayudará a protegernos a la vez que servirá como muro de
compartimentación entre los aspectos privados y públicos de nuestra vida. Todo
ello requiere de atención y concentración por parte del profesorado a la hora
de proteger la propia reputación digital y de gestionar los datos generados a
través de las diversas cuentas y aplicaciones utilizadas.
Como
docentes debemos tener en cuenta que nuestra identidad digital en el centro
educativo debe ser la de profesor al servicio de sus deberes educativos, por lo
que las informaciones, datos, imágenes, gustos y aficiones que mostremos o
comuniquemos deben adecuarse a la situación y estatus del docente. Al fin y al
cabo, todos estos datos nos describen en Internet ante los demás y determinan
nuestra reputación digital, es decir, la opinión que los demás tienen de
nosotros en la red.
En
ese sentido, la identidad que se construye y proyecta puede no corresponderse exactamente
con la realidad. Sin embargo lo que se hace bajo esa identidad digital tiene
sus consecuencias en el mundo real y viceversa. La identidad digital es la
traslación de la identidad física al mundo online, un espacio donde se puede
influir enormemente al alumnado.
Por
esa razón es necesario regular el comportamiento y la manera de vincularnos y
comunicarnos en los entornos digitales a través de normas que buscan
estructurar el comportamiento de los usuarios en internet para mantener una
sana convivencia en los entornos digitales. A este conjunto de normas lo
denominamos netiqueta y responde a la manera en la que nos relacionamos y
mostramos ante los demás en la dimensión digital.
El
docente debe conocer este conjunto de normas, familiarizarse con ellas para
proteger su intimidad y mantener una identidad digital profesional y respetada
en el ámbito educativo.
Como
ya hemos referido, la netiqueta también hace alusión a la manera de
interactuar, comunicarse y compartir información. Las herramientas en línea nos
brindan unas posibilidades casi ilimitadas a la hora de conectar con otras
personas y colaborar con otros profesionales o centros educativos.
Para
ser más productivos y eficaces se antoja indispensable el uso de herramientas y
recursos digitales, al igual que la colaboración y la comunicación entre
docentes. La innovación y el estar al día de los avances suponen un paso
ineludible para lograrlo, al igual que el aprendizaje a través de los
compañeros, el intercambio de herramientas y contenidos. Sin duda, el mundo
digital invita a generar y compartir ideas, a trabajar activamente y en equipo,
lo cual puede mejorar nuestra práctica educativa.
El
entorno digital, brinda unas posibilidades nunca vistas en la práctica
educativa, facilita la colaboración a través de herramientas de comunicación
como Telegram o Whatsapp, hace accesible la enseñanza a alumnos que no puedan
acudir a clase a tevés de Teams o Element, recursos desde los cuales
mantener contacto constante con el alumnado y facilitar la participación de
estos, al igual que el trasvase de información, ejercicios y documentos, etc.
En definitiva, estas son posibilidades y ventajas del docente del siglo XXI a la hora de desarrollar sus funciones, innovar con otros compañeros y facilitar el flujo de conocimientos entre el profesor y sus alumnos y alumnas.
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